Como consecuencia de nuestra larga evolución para la competencia tribal, la mente humana emplea fácilmente el pensamiento dicotómico de «nosotros contra ellos».

Cuando deshumanizas y demonizas a nuestros adversarios,
abandonas la posibilidad de resolver pacíficamente nuestras diferenciasNelson Mandela

Si queremos crear comunidades hospitalarias e inclusivas, deberíamos hacer todo lo posible por reducir (no erradicar) el tribalismo y activar el sentido de humanidad común. Pero, en general, no hacemos esto, sino que utilizamos enfoques políticos (populismos, nacionalismos, etc.) y buscamos movimientos sociales que activen nuestras ancestrales tendencias tribales.

Es fácil, ya que la mente humana está preparada para el tribalismo. Todos descendemos de personas que, al principio de los tiempos, pertenecieron a grupos, que fueron constantemente mejores para ganar esa competición, que era la propia supervivencia.
Por este sencillo motivo, cuando se activa el interruptor de la tribu, nos aferramos más estrechamente al grupo, lo asumimos y defendemos la matriz moral (alucinación consensuada).
Sin embargo, cuando una comunidad logra reducir los circuitos tribales de todos, es ahí donde el ser humano tiene más margen para que la gente se construya las vidas que realmente elijan; hay más libertad para que se produzca una mezcla creativa de personas e ideas.

En «La Transformación de la Mente Moderna» de Jonathan Haidt y Greg Lukianoff, se arroja algo de luz sobre el porqué del círculo de polarización en el que estamos inmersos.

«La interseccionalidad es una teoría basada en varias percepciones que nosotros consideramos válida y útil: el poder importa, los miembros de los grupos a veces actúan de manera cruel o injusta para preservar su poder, y las personas que son miembros de múltiples grupos pueden enfrentarse a formas de desventaja que a menudo son invisibles para los demás».

«La política identitaria es la movilización política organizada en torno a un grupo como la raza, el sexo y la sexualidad, frente a las del partido, la ideología o los intereses pecuniarios» J. Rauch

Sabemos que la mente humana está altamente preparada para el tribalismo y, por lo tanto, una mala interpretación de la interseccionalidad (como fenómeno por el cual cada individuo sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples categorías sociales) tiene el potencial de activar el tribalismo. Estas interpretaciones, a su vez, convierten a las personas en seres bipolares de privilegio y/u opresión, en cuanto a la manera en que gestionan las interacciones sociales.

La combinación de la política identitaria del enemigo común y la enseñanza sobre las microagresiones, crea un terreno fecundo para desarrollar la cultura de la acusación pública. Si a esta cultura se le añade una mentalidad de nosotros contra ellos, se hace imposible tirar de los valores, por desgracia mancillados, de la Ilustración: Razón, humanismo, ciencia y progreso.

Los partidos han acabado viéndose el uno al otro no como rivales legítimos, sino como enemigos acérrimos (partidismo negativo).
La derecha y la izquierda están atrapadas en un juego de provocación mutua e indignación recíproca. Sin duda, gracias a esta reprochable actitud política, y amplificado en estos momentos en los que nos encontramos, debido al aislamiento físico y a la saturación de elementos tecnológicos, hay un fomento de las fuerzas del sesgo de confirmación, que nos arrastran a buscar reafirmarnos en nuestras ideas y a separarnos, más aún, los unos de los otros.

La desintoxicación solo será posible si utilizamos herramientas que, generalmente, no solemos utilizar: la discrepancia productiva, la argumentación basada en evidencias, la honestidad intelectual, el pensamiento crítico y, como no, una mejor y solidaria interpretación de los sucesos que contemplamos día a día.